TUNEZ

Me gusta mucho la arqueología y todo lo referente a las civilizaciones de la edad antigua. Me encanta todo lo que tenga que ver con Grecia, Roma, las civilizaciones precolombinas y la antigua China, aunque mi verdadera pasión es Egipto. He tenido la fortuna de estar en Giza, Luxor, la Acrópolis de Atenas, EL foro romano, Xian y Chitchen Itza, pero había una pequeña tarea pendiente que me quedaba por ver, la antigua capital del imperio Púnico, Cartago.





Tal es la fama internacional de esta antigua civilización, que dos mil años después, el aeropuerto de Tunez lleva el sobrenombre de Cartago








El primer hotel donde nos hospedamos se encontraba en una zona muy turística al sur de Hammamet. Se trataba del Iberostar Averroes un resort de playa con piscina donde relajarnos los primeros días de nuestro viaje. 




La playa frente a hotel estaba bastante limpia, pero no así el agua. Tunez tiene un grave problema con sus basuras como pudimos comprobar más adelante. A la orilla llegaban varios envoltorios de plástico por lo que el baño no era muy apetecible. Decidimos pasar más tiempo en la piscina.




Esta es la piscina del hotel. Con barra de bar situada dentro del agua. Una cosa no muy higiénica pero llamativa. Cientos de bebidas de todos los colores servidas en vasos de plástico hacían las delicias del personal del "todo incluido".


Resulta bastante habitual ver camellos en la playa, la mayoría de ellos utilizados con fines turísticos para pasear gente de un lado a otro de la costa. En el pasado ya subí a alguno de ellos en algún otro destino y, aunque estos parecían sanos y bien cuidados, en los últimos años me he concienciado mucho respecto a la utilización de estos animales con estos fines. Me limité a contemplarlos.



En esta playa, no se muy bien si por sus aguas cálidas, había una gran proliferación de medusas. Hasta tal punto de que todas las mañanas colocaban una caja con un palo en la arena, para que la gente fuera depositando allí aquellas que quedaban varadas en la orilla.



Me encanta la comida árabe, tan rica en especias y nuevos sabores por descubrir. De todo lo que probé allí me quedo con un estofado con garbanzos llamado Mirmiz y con un queso, cuyo nombre no recuerdo, que con miel estaba delicioso.



Pusimos rumbo a Tunez capital, un poco más al norte de donde nos encontrábamos. El paisaje era muy similar al del sur de Europa, monte bajo, arbustos, olivares y clima mediterráneo. 



La plaza de la Kasbah es la principal plaza del Tunez moderno. Fue el centro neurálgico del estallido de la primavera árabe en Tunez en diciembre de 2010, que acabó con la caída del gobierno de Ben Ali.



A pocos metros de la Kasbah se encuentra la medina de Tunez. Un intrincado laberinto de callejuelas de origen medieval en la que se encuentran mercados, mezquitas y palacios de hace más de mil años.




Caminando por la medina, decidimos subir a la azotea de una tienda para tener mejores vistas. Este es el minarete de la mezquita de Al-Zaytuna, que data de principios del siglo VIII. Además de Mezquita ha funcionado como universidad desde tiempos del califato Omeya. Me resultó muy curioso saber que Al-Zaituna significa literalmente "El Olivo"



 Por fin Cartago. La capital del imperio Púnico, que dominó todo el Mediterráneo occidental hasta la llegada del imperio romano. Una de las espinitas clavadas en mi lista de tareas pendientes. Tan cerca y tan lejos al mismo tiempo. Ya era consciente de que los romanos arrasaron por completo la ciudad en la tercera guerra Púnica, pero el simple hecho de pisar por la capital de Aníbal, Amilcar y demás ilustres Cartaginenses me ponía el vello de punta.


 

A pesar de la destrucción que el imperio romano infligió, se han conseguido encontrar restos púnicos por debajo de los estratos romanos. Esta es una necrópolis cartaginesa. Un cementerio datado en torno al siglo V antes de nuestra era.



Los restos arqueológicos más visitados de Cartago son las termas de Antonino, seguramente por ser una de las zonas mejor conservadas de toda la ciudad. Dichas termas datan del siglo III y se encuentran frente a la bahía de Cartago.





El tamaño de Cartago era considerable. Solamente el triángulo que forma el Tophet de Salambó con el anfiteatro romano y las termas de Antonino ya supone cerca de 6 kilómetros de recorrido. En total se calcula que la ciudad debió ocupar unas 300 hectáreas. 



Hay una bonita zona residencial en una colina sobre Cartago llamada Sidi Bou Said. Se trata de un pueblecito de pequeñas casas de color azul y blanco, que ___ dicha colina. Los tunecinos se jactan de decir que es "oficialmente" más bonito que Santorini en Grecia. Mi opinión personal es que el entorno, a pesar de que es espectacular, no rivaliza con el de la isla griega, aunque la masificación turística de dicha isla le quita encanto, a favor de este rincón de la geografía tunecina.


 Volviendo de Abu Said, pasamos por un pueblo llamado La Golette. Los tunecinos comentan orgullosos, que es un pueblo referente del respeto y la tolerancia, ya que en el puedes encontrar mezquitas iglesias y sinagogas funcionando con normalidad y sin ningún tipo de encontronazo entre sus gentes. 



FOTO BASURA

Ya me habían comentado algo al respecto, pero pude comprobarlo con mis propios ojos. Tunez tiene un serio problema con la basura. En las proximidades de las ciudades y en los márgenes de las carreteras, unas cantidades ingentes de basura se acumulan. La falta de concienciación ambiental, unida a una dejadez por parte de la administración, han generado una situación que tiene difícil solución. Y tiempos actuales, con una falta de sensibilidad también en occidente tampoco ayudan. Que pena.





Tras pasar unos días de nuevo en Hammamet, pusimos rumbo al sur. Con un guía llamado Naufel y su conductor Sofian, nos adentramos en los terrenos desérticos más meridionales del país. El primer tramo de nuestro viaje lo realizamos paralelos a la costa, Una zona todavía verde y tremendamente llana. 




Esto es el Jem. Una ciudad a 150 kilómetros al sur de Hammamet. En ella se encuentra unos de los principales reclamos turísticos del país, El Anfiteatro de el Jem.




Dicho anfiteatro, aunque su datación es incierta, se cree que fue construido a inicios del siglo III y pasa por ser el anfiteatro romano más grande de toda África. El precio de entrada es de 12 dinares. Unos 3 euros y medio de euros aproximadamente en esa época.


La construcción es muy robusta y se pueden subir varias plantas sin restricciones. El aforo se calcula que estaría en unos 35.000 espectadores. A pesar de su tamaño, imponente, a mí siempre me ha parecido que estas estimaciones están un poco sobredimensionadas.





El hipogeo se encuentra bastante bien conservado. Se puede visitar e ir pasando de una a otra estancia, en las que se alojaban las fieras, gladiadores y demás sorpresas que Roma tuviera preparadas para el divertimento de la plebe.



Toda esta zona de Tunez es muy rica en olivares, No obstante, Tunez es el máximo productor de aceite de oliva a nivel mundial, solo por detrás de España, Italia y Grecia. Por suerte para mi estábamos en septiembre y el polen de olivo no se encontraba presente en esa época.



Tan al sur nos dirigimos, que los carteles de la carretera indicaban Trípoli, la capital de la vecina e inestable Libia. Desde la caída de Muamar el Gadafi era un lugar no muy recomendado para transitar.



Dejamos a un lado la costa para adentrarnos en el interior. El paisaje se volvió semidesértico y rocoso y la vegetación empezó a escasear.



Visita obligada por estos parajes es ver una casa troglodita. Viviendas cavadas en la tierra con un gran patio central al aire libre que permite la entrada de luz solar. Una vez abajo, unas 5 o 6 estancias rodean al dicho patio.



Aquí estamos tomando un té que amablemente nos ofrecieron en la casa. El de la izquierda es Naufel, el guía que contratamos para recorrer el sur de Tunez. Junto con Sofian, nuestro conductor, nos acompañaron por todo el recorrido que hicimos por estas zonas desérticas en un 4x4 perfectamente equipado.


 

Esta es una de las habitaciones. Se puede ver que, a pesar de encontrarse excavada a varios metros bajo tierra, gozaba de una gran cantidad de luz diurna. La decoración, principalmente blanca, hace que la luminosidad se acentúe.



Seguimos viajando hacia el oeste en dirección a la ciudad de Douz. Según avanzábamos, el desierto rocoso se fue poco a poco convirtiendo en desierto de arena. Aun así, todavía se conservaba cierta vegetación en forma de pequeños arbustos.



La ciudad de Douz, llamada comúnmente la puerta del desierto, antaño cabecera de caravanas de Razigs y mercado de camellos, hoy en día tiene al turismo como principal fuente de ingresos. Al sur de Douz, salvo algún oasis aislado, no se encuentra nada más que arena.



En Douz nos hospedamos en el hotel Sahara Douz. Por el día bastante vacío, pero por las noches repleto de miembros de expediciones van y vienen cruzando el desierto de una u otra forma. Las estancias aquí suelen ser muy cortas, nosotros apenas estuvimos una sola noche, pero lo justo para descansar, limpiarse la arena y reponer fuerzas y alimentos.



El desierto del Sahara. Una inmensa mole de arena que abarca desde Egipto hasta Marruecos. Silencio absoluto. Paz absoluta. Aunque parezca increíble aquí nos llegó a llover. Fueron unas gotas nada más, pero muy sorprendente, en una zona en la que la cantidad de lluvia en esta época del año es prácticamente nula.



A las afueras de Douz se pueden contratar paseos en camello o recorridos en Quad. Nosotros nos decidimos por estos últimos. El entorno me pedía algo menos movido y tranquilo, pero tengo que confesar que me lo pasé fenomenal saltando dunas.



Siguiendo nuestro recorrido hacia el oeste, cruzamos el lago salado de Chott el Djerid, que se encontraba completamente seco. Es un lago endorreico, es decir, los ríos que en él desembocan no tienen salida al mar, y aquí se acaban secando. Como estábamos al final del verano se encontraba totalmente seco.



Si bien en momentos estuvimos cerca de la frontera con Libia, en estos momentos nos encontrábamos cerca de pasar a la vecina y vasta Argelia. Una rectísima carretera surcaba toda esta planicie camino de la frontera. Esta es la segunda vez que me encuentro a escasos metros de Argelia sin cruzarla, y empieza a despertar en mi cierta curiosidad.



Al ser Chott el Djerid un lago salado que permanece prácticamente seco, supone una fuente de sal importante para los oriundos de la zona, que se suelen dedicar a recolectarla y a extraer rosas del desierto de las montañas cercanas.




Este era nuestro todoterreno durante el recorrido por el sur de Tunez. Aquí nos encontramos en una tiendecilla de carretera para hacer una pequeña parada y surtirnos de víveres. Por estas latitudes no sabes dónde va a ser la próxima que puedas encontrar según qué cosa.




A 8 kilómetros de la frontera con Argelia llegamos al pueblo y oasis de Chebika. Un pequeño manantial de agua proveniente de las montañas de Djebel en Negueb. 



En esta época, algún cauce del oasis se encontraba seco. La evaporación del agua en zonas desérticas propicia la formación de las rocas cristalizadas conocidas como rosas del desierto. Tenía muchas ganas de tener una de ellas y pensaba que me iba a ser más difícil encontrarlas y a un precio mayor, pero se ve que son tremendamente abundantes y se comercializan por toda la zona.



Este es el pequeño manantial de donde mana toda el agua del oasis de Chebika. Aunque parezca increíble, una inundación en 1967 arraso toda la ciudad de Chebika, siendo reconstruida a unos 500 metros más abajo, apartada del cauce del oasis. Hoy en día es un lugar muy turístico, lleno de pequeños puestos a lo largo del cauce, donde se venden las rosas del desierto y demás artículos de la zona.



Un poco más al norte, siguiendo la frontera con Argelia llegamos al Oasis de Tamerza.

Tamerza es el oasis más grande de la zona y vierte sus aguas, a través del cañón de Mides, en el Chott el Djerid. Una pequeña poza a los pies de una cascada sirve para refrescar a los oriundos de la zona. De haber llevado la indumentaria adecuada me hubiera bañado.










Rumbo de nuevo al norte, pasamos por la región minera de Gafsa, una zona venida a menos de minas de fosfatos, que ya no puede rivalizar con la producción actual de Marruecos. Problemas con la empresa extractora, la compañía de fosfatos de Gafsa, que han derivado incluso en dificultades para el abastecimiento de agua potable, hacen que esta zona se encuentre prácticamente parada en cuanto a extracciones se refiere. 


Kairouan pasa por ser una de las ciudades más importantes para el islam. Se trata de la cuarta ciudad santa tras La Meca, Medina y Jerusalem. Su mezquita data del siglo VII y, según cuentan, tiene el minarete más antiguo del mundo que aún se mantiene en pie.

Debido a la hora a la que llegamos no nos fue posible visitarla, aunque al ser no creyentes solo hubiéramos podido visitar el patio. Por el contrario, pudimos subir a una azotea cercana para admirarla desde lo alto.



Y este fue nuestro periplo por tierras tunecinas. Pude ver cumplido mi objetivo de visitar Cartago, pudimos recorrer de nuevo el vasto desierto, y pudimos llevar a nuestra hija por primera vez a tierras africanas, en las que enriquecerse teniendo contacto con otras culturas, tan distintas a las que conocía en Europa.