Me gusta mucho la arqueología y todo lo referente a las civilizaciones de la edad antigua. Me encanta todo lo que tenga que ver con Grecia, Roma, las civilizaciones precolombinas y la antigua China, aunque mi verdadera pasión es Egipto. He tenido la fortuna de estar en Giza, Luxor, la Acrópolis de Atenas, EL foro romano, Xian y Chitchen Itza, pero había una pequeña tarea pendiente que me quedaba por ver, la antigua capital del imperio Púnico, Cartago.

Tal es la fama internacional de esta antigua civilización, que dos mil años después, el aeropuerto de Tunez lleva el sobrenombre de Cartago




Resulta bastante habitual ver camellos en la playa, la mayoría de ellos utilizados con fines turísticos para pasear gente de un lado a otro de la costa. En el pasado ya subí a alguno de ellos en algún otro destino y, aunque estos parecían sanos y bien cuidados, en los últimos años me he concienciado mucho respecto a la utilización de estos animales con estos fines. Me limité a contemplarlos.

En esta playa, no se muy bien si por sus aguas cálidas, había una gran proliferación de medusas. Hasta tal punto de que todas las mañanas colocaban una caja con un palo en la arena, para que la gente fuera depositando allí aquellas que quedaban varadas en la orilla.

Me encanta la comida árabe, tan rica en especias y nuevos
sabores por descubrir. De todo lo que probé allí me quedo con un estofado con
garbanzos llamado Mirmiz y con un queso, cuyo nombre no recuerdo, que con miel
estaba delicioso.

Pusimos rumbo a Tunez capital, un poco más al norte de donde
nos encontrábamos. El paisaje era muy similar al del sur de Europa, monte bajo,
arbustos, olivares y clima mediterráneo.

La plaza de la Kasbah es la principal plaza del Tunez
moderno. Fue el centro neurálgico del estallido de la primavera árabe en Tunez
en diciembre de 2010, que acabó con la caída del gobierno de Ben Ali.

A pocos metros de la Kasbah se encuentra la medina de Tunez.
Un intrincado laberinto de callejuelas de origen medieval en la que se
encuentran mercados, mezquitas y palacios de hace más de mil años.

Caminando por la medina, decidimos subir a la azotea de una tienda para tener mejores vistas. Este es el minarete de la mezquita de Al-Zaytuna, que data de principios del siglo VIII. Además de Mezquita ha funcionado como universidad desde tiempos del califato Omeya. Me resultó muy curioso saber que Al-Zaituna significa literalmente "El Olivo"
Por fin Cartago. La capital del imperio Púnico, que dominó todo el Mediterráneo occidental hasta la llegada del imperio romano. Una de las espinitas clavadas en mi lista de tareas pendientes. Tan cerca y tan lejos al mismo tiempo. Ya era consciente de que los romanos arrasaron por completo la ciudad en la tercera guerra Púnica, pero el simple hecho de pisar por la capital de Aníbal, Amilcar y demás ilustres Cartaginenses me ponía el vello de punta.

A pesar de la destrucción que el imperio romano infligió, se
han conseguido encontrar restos púnicos por debajo de los estratos romanos.
Esta es una necrópolis cartaginesa. Un cementerio datado en torno al siglo V
antes de nuestra era.

Los restos arqueológicos más visitados de Cartago son las termas de Antonino, seguramente por ser una de las zonas mejor conservadas de toda la ciudad. Dichas termas datan del siglo III y se encuentran frente a la bahía de Cartago.


FOTO BASURA
Ya me habían comentado algo al respecto, pero pude
comprobarlo con mis propios ojos. Tunez tiene un serio problema con la basura.
En las proximidades de las ciudades y en los márgenes de las carreteras, unas
cantidades ingentes de basura se acumulan. La falta de concienciación
ambiental, unida a una dejadez por parte de la administración, han generado una
situación que tiene difícil solución. Y tiempos actuales, con una falta de sensibilidad
también en occidente tampoco ayudan. Que pena.




La construcción es muy robusta y se pueden subir varias
plantas sin restricciones. El aforo se calcula que estaría en unos 35.000
espectadores. A pesar de su tamaño, imponente, a mí siempre me ha parecido que
estas estimaciones están un poco sobredimensionadas.

El hipogeo se encuentra bastante bien conservado. Se puede
visitar e ir pasando de una a otra estancia, en las que se alojaban las fieras,
gladiadores y demás sorpresas que Roma tuviera preparadas para el divertimento
de la plebe.

Toda esta zona de Tunez es muy rica en olivares, No obstante,
Tunez es el máximo productor de aceite de oliva a nivel mundial, solo por
detrás de España, Italia y Grecia. Por suerte para mi estábamos en septiembre y
el polen de olivo no se encontraba presente en esa época.

Tan al sur nos dirigimos, que los carteles de la carretera
indicaban Trípoli, la capital de la vecina e inestable Libia. Desde la caída de
Muamar el Gadafi era un lugar no muy recomendado para transitar.

Dejamos a un lado la costa para adentrarnos en el interior.
El paisaje se volvió semidesértico y rocoso y la vegetación empezó a escasear.

Visita obligada por estos parajes es ver una casa
troglodita. Viviendas cavadas en la tierra con un gran patio central al aire
libre que permite la entrada de luz solar. Una vez abajo, unas 5 o 6 estancias
rodean al dicho patio.

Aquí estamos tomando un té que amablemente nos ofrecieron en la casa. El de la izquierda es Naufel, el guía que contratamos para recorrer el sur de Tunez. Junto con Sofian, nuestro conductor, nos acompañaron por todo el recorrido que hicimos por estas zonas desérticas en un 4x4 perfectamente equipado.
Esta es una de las habitaciones. Se puede ver que, a pesar
de encontrarse excavada a varios metros bajo tierra, gozaba de una gran
cantidad de luz diurna. La decoración, principalmente blanca, hace que la
luminosidad se acentúe.

Seguimos viajando hacia el oeste en dirección a la ciudad de
Douz. Según avanzábamos, el desierto rocoso se fue poco a poco convirtiendo en
desierto de arena. Aun así, todavía se conservaba cierta vegetación en forma de
pequeños arbustos.

La ciudad de Douz, llamada comúnmente la puerta del
desierto, antaño cabecera de caravanas de Razigs y mercado de camellos, hoy en
día tiene al turismo como principal fuente de ingresos. Al sur de Douz, salvo
algún oasis aislado, no se encuentra nada más que arena.

En Douz nos hospedamos en el hotel Sahara Douz. Por el día
bastante vacío, pero por las noches repleto de miembros de expediciones van y
vienen cruzando el desierto de una u otra forma. Las estancias aquí suelen ser
muy cortas, nosotros apenas estuvimos una sola noche, pero lo justo para
descansar, limpiarse la arena y reponer fuerzas y alimentos.

El desierto del Sahara. Una inmensa mole de arena que abarca
desde Egipto hasta Marruecos. Silencio absoluto. Paz absoluta. Aunque parezca
increíble aquí nos llegó a llover. Fueron unas gotas nada más, pero muy
sorprendente, en una zona en la que la cantidad de lluvia en esta época del año
es prácticamente nula.

A las afueras de Douz se pueden contratar paseos en camello
o recorridos en Quad. Nosotros nos decidimos por estos últimos. El entorno me
pedía algo menos movido y tranquilo, pero tengo que confesar que me lo pasé
fenomenal saltando dunas.

Siguiendo nuestro recorrido hacia el oeste, cruzamos el lago
salado de Chott el Djerid, que se encontraba completamente seco. Es un lago
endorreico, es decir, los ríos que en él desembocan no tienen salida al mar, y aquí
se acaban secando. Como estábamos al final del verano se encontraba totalmente
seco.

Si bien en momentos estuvimos cerca de la frontera con
Libia, en estos momentos nos encontrábamos cerca de pasar a la vecina y vasta
Argelia. Una rectísima carretera surcaba toda esta planicie camino de la
frontera. Esta es la segunda vez que me encuentro a escasos metros de Argelia
sin cruzarla, y empieza a despertar en mi cierta curiosidad.

Al ser Chott el Djerid un lago salado que permanece
prácticamente seco, supone una fuente de sal importante para los oriundos de la
zona, que se suelen dedicar a recolectarla y a extraer rosas del desierto de
las montañas cercanas.


Este era nuestro todoterreno durante el recorrido por el sur de Tunez. Aquí nos encontramos en una tiendecilla de carretera para hacer una pequeña parada y surtirnos de víveres. Por estas latitudes no sabes dónde va a ser la próxima que puedas encontrar según qué cosa.


A 8 kilómetros de la frontera con Argelia llegamos al pueblo y oasis de Chebika. Un pequeño manantial de agua proveniente de las montañas de Djebel en Negueb.

En esta época, algún cauce del oasis se encontraba seco. La
evaporación del agua en zonas desérticas propicia la formación de las rocas
cristalizadas conocidas como rosas del desierto. Tenía muchas ganas de tener
una de ellas y pensaba que me iba a ser más difícil encontrarlas y a un precio
mayor, pero se ve que son tremendamente abundantes y se comercializan por toda
la zona.

Este es el pequeño manantial de donde mana toda el agua del
oasis de Chebika. Aunque parezca increíble, una inundación en 1967 arraso toda
la ciudad de Chebika, siendo reconstruida a unos 500 metros más abajo, apartada
del cauce del oasis. Hoy en día es un lugar muy turístico, lleno de pequeños
puestos a lo largo del cauce, donde se venden las rosas del desierto y demás
artículos de la zona.

Un poco más al norte, siguiendo la frontera con Argelia llegamos al Oasis de Tamerza.
Tamerza es el oasis más grande de la zona y vierte sus aguas, a través del cañón de Mides, en el Chott el Djerid. Una pequeña poza a los pies de una cascada sirve para refrescar a los oriundos de la zona. De haber llevado la indumentaria adecuada me hubiera bañado.


Kairouan pasa por ser una de las ciudades más importantes
para el islam. Se trata de la cuarta ciudad santa tras La Meca, Medina y
Jerusalem. Su mezquita data del siglo VII y, según cuentan, tiene el minarete
más antiguo del mundo que aún se mantiene en pie.
Debido a la hora a la que llegamos no nos fue posible visitarla, aunque al ser no creyentes solo hubiéramos podido visitar el patio. Por el contrario, pudimos subir a una azotea cercana para admirarla desde lo alto.
Y este fue nuestro periplo por tierras tunecinas. Pude ver
cumplido mi objetivo de visitar Cartago, pudimos recorrer de nuevo el vasto
desierto, y pudimos llevar a nuestra hija por primera vez a tierras africanas,
en las que enriquecerse teniendo contacto con otras culturas, tan distintas a
las que conocía en Europa.


